Antonio Corts

Nombre: Antonio Corts (Estudi Alfandech)

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Título y autor del libro: Tarzán de los monos, de Edgar Rice Burroughs.

Fragmento ilustrado :

No ilustré ningún pasaje literal en particular. Es la representación de una etapa de la vida de Tarzán (entre 5-6 años) criado en la horda de simios.

ENTREVISTA:

¿Por qué escogiste ese libro para tu ilustración y ese pasaje en particular?

Mi primera elección fue El libro de la selva, de Rudyard Kipling, pero ya estaba “cogido”. Estoy trabajando en una versión de Caperucita Roja y la figura del lobo me parece muy sugerente.

Tarzán era mi segunda elección. Con algunas diferencias, es una novela con un argumento bastante similar y toca un tema que me parece muy interesante: el tránsito -de ida y vuelta, o no- de una sociedad a otra, de un mundo a otro, con las implicaciones personales que ello conlleva (transformación, inadaptación, conflictos morales, de sistema de valores). Un viaje entre mundos coexistentes que exigen decisiones a veces incompatibles (es como Robinson Crusoe pero al revés). Sin embargo, estos dos mundos no son, mecánicamente, el mundo de los hombres y su civilización, por un lado, y los simios y su selva, por otro. Ambos mundos encierran sus contradicciones, su cielo y su infierno, y se los va llevando uno a cuestas.

El pasaje ya lo tenía escogido con El libro de la selva (Mowgli creciendo jugando con sus hermanos en la manada de lobos). Influyó en la elección el saber que las ilustraciones de Aventura de papel pueden servir para un proyecto de Save the Children, pero la razón principal es que creo que el centro de ambos pasajes es la infancia y la familia, el amor y la felicidad, el “hogar”; y en ambos casos un hogar muy sui generis. Como dijo alguien, «la patria del hombre es su infancia», esa etapa salvaje, primitiva y curiosa de nuestra vida en que percibimos y vivimos las cosas de una forma que perdemos irremediablemente con la edad. Y en esta historia, además, desde un planteamiento radical en el que no importa si es la familia biológica, ni siquiera si es de tu misma especie (un concepto de familia un poco almodovariano). O puede que, como dijo Ben Ramson (Lee Marvin) en La leyenda de la Ciudad sin Nombre: «Lo que pasa es que yo tengo otro concepto de familia». Pero tampoco sin llegar a la estupidez de humanizar a los animales, como hace Walt Disney. Descubrimos unas relaciones que, si bien eran fábulas en tiempos de Burroughs, gente como Jane Goodall o Diane Fossey supieron revelar, y a un nivel mayor y más fascinante de lo esperado. Y como le ocurrió a Darwin, mayor de lo que la sociedad estaba dispuesta a reconocer. El engaño está tanto en querer “humanizarlas” como en negarlas.

¿Cuándo leíste el libro? ¿Qué sensación guardas de esa primera lectura?

Ja, ja, me habéis pillado. No he leído el libro. Leí algunos pasajes sueltos (casi toda la primera parte), creo que con 14 años, en casa de un amiguete que lo tenía, pero nunca lo he leído de principio a fin. De esas lecturas ocasionales sólo recuerdo cuando los simios encuentran al pequeño. Mi relación con el relato es a través de las películas (las de Johnny Weismuller, Greystoke, y, tangencialmente al tema, Gorilas en la niebla, Instinto,…) pero sobre todo a través del cómic, de Harold Foster, Burne Hogart, y las ilustraciones de Frank Frazetta. No he visto el Tarzán de la factoría Disney salvo en el merchandising, que es imposible evitar.

¿Tuviste clara la imagen desde un principio o fue un proceso de definición, de concreción, de la imagen final?

Sí, tanto que prácticamente fue sustituir los lobos de Mowgli por los monos de Tarzán, con los cambios de composición, anatómicos y de comportamiento que conllevó. La principal diferencia es que en una el niño jugaba con sus hermanos lobos, y en Tarzán está jugando con su madre.

¿De qué elementos esenciales partiste, qué es lo que tenías claro que debía aparecer; cuál es el centro de la ilustración, en definitiva?

El centro es el amor y la felicidad, el cuidado y la protección del niño por la horda, y en primer plano por la madre. Por una madre peluda, tierna, sonriente y de pechos exorbitantemente generosos (las simias no tienen esos pechos). El ideal de madre, vamos. Amor y felicidad representados por la pareja madre-niño, cuidado y protección que aparecen en la desparasitación de los pequeños, el bebé en el regazo de otra mona y el viejo vigilante del grupo.

Cuéntanos cómo has ido elaborando la ilustración. ¿Has hecho uno o varios bocetos?

Con la escena en la cabeza (bueno, en mente), he hecho un solo boceto a lápiz, concretando más las figuras principales. Intento no definir demasiado los elementos secundarios en el boceto porque eso me da mayor libertad para improvisar luego. He escaneado el boceto una vez me ha parecido suficiente y he trabajado posteriormente con ordenador y tableta gráfica.

¿Has añadido o eliminando elementos a medida que ibas definiendo la composición? ¿Crees que ha sido un acierto? ¿Por qué?

Una duda al principio ha sido si representar a una horda de chimpancés (como la Chita de Weismuller), de gorilas (como ha escogido Disney) o de simios indefinidos (casi subhumanos) del relato original, de las ilustraciones de Hogart, Foster y, sobre todo, Frazetta, o en Greystoke. Finalmente he optado por simios pero algo parecidos a chimpancés, especialmente el viejo (que parece casi de otra especie). Es un pequeño homenaje a un viejo conocido, Coco, muerto a tiros en la cárcel de Valencia (algunos lo llamaban zoo) el 14 de abril de 2005 mientras intentaba escapar con su familia. Ésa es otra de las razones de haber escogido Tarzán: el bueno de Coco es también la imagen de mi estudio (Alfandech).

Un elemento eliminado es que al principio aparecía, en una rama muy lejana, arriba a la izquierda, la silueta de un leopardo (el mono viejo miraba hacia él). Se puede ver en el boceto, encima del pie de Tarzán. Pero por muy pequeño y matizado que lo hiciera, (lo fui empequeñeciendo y colocando cada vez más arriba y a la izquierda) la vista se iba hacia él, y no es lo que quería. Así que lo he eliminado, aunque sin cambiar la mirada del viejo, que no mira la figura sino a un peligro ya hipotético.

Otro elemento ha sido el mismo viejo simio. Lo había trabajado con los colores ligeramente atenuados (en plan sfumato) para separarlo y alejarlo un poco del grupo (está vigilando posibles peligros, es un centinela), pero no me gustaba el resultado. Finalmente, he buscado este mismo efecto tratándolo como un boceto, aunque no lo sea: en realidad ha sido la última parte del dibujo y una de las más trabajadas, el “boceto” está dibujado encima después de terminado el dibujo. Creo que muchas veces nos gustan más los bocetos que el resultado final; a veces los utilizamos directamente, otras los dejamos “transpirar” a través del arte final. Una vecina mía, viuda de un pintor, acostumbraba a decirle a su marido en un momento determinado: «¡Deja de sobarla (la pintura), que la jodes!»; en ese instante, el hombre dejaba los pinceles y daba la obra por terminada. Creo que a este mono lo había sobado demasiado.

Otro detalle que me ha tenido en vilo ha sido la expresión de la madre. Quería conseguir una mirada tierna, cariñosa, pero la morfologia de la cara, en particular las “patas de gallo” que aparecen cuando se ríe un chimpancé o un humano (a pesar de la industria cosmética), le daban una expresión alegre, pero no tierna. He optado por unas arrugas verticales irreales que enmarcan la cara, inspiradas en los orangutanes, que les dan un aspecto de peluche tierno y tristón.

Para el fondo he intentado reducirlo a su mínima expresión de detalle y darle la mayor claridad posible, huyendo de la atmósfera claustrofóbica presente en casi todas las fotografías de selva que he consultado. Inicialmente estaba mucho más oscuro, más agobiante. De esta forma está más acorde a la sensación de paz y felicidad que quería que transmitiera.

¿Has llegado en algún momento a cambiar radicalmente el planteamiento, has llegado incluso a desechar todo lo hecho y partir de cero con otro dibujo? ¿Por qué?

Lo hago muy raramente, y no en este caso. Sólo cuando se me ocurre una idea mejor o cuando veo que estoy abocado a un callejón sin salida.

¿Qué técnica has utilizado? ¿Es la que usas habitualmente? ¿Utilizas otras?

Para mí el boceto es muy importante, tanto que algunas veces no lo hago. Normalmente concreto sólo las figuras principales y la escena queda encajada con unas pocas líneas a lápiz de grafito. Intento trabajarlo sólo hasta que “visualizo” la ilustración, ni un trazo más. Una vez escaneado, trabajo con tableta gráfica, con un programa de tratamiento de imágenes y con otro de pintura digital. Voy pasando la ilustración de uno a otro según las herramientas y efectos que vaya necesitando incorporar.

Sí es la que uso normalmente. A veces también hago ilustraciones con programas de dibujo vectorial (sobre todo para animación) pero no me gusta tanto el resultado final, demasiado limpio. Trabajo mucho ilustraciones para editoriales de libros de texto o publicaciones, con plazos cortos y que piden comodidad (archivos digitales ya optimizados en lugar de originales en papel). Además, existe una maravilla de la tecnología, el famoso Ctrl+Z (Cmd+Z en Mac) que no me funciona con otras técnicas. Utilizo poco el gouache, acuarelas, acrílicos u óleos. Algo más la tinta y los lápices. De todas formas, estoy planteándome volver al papel y las técnicas tradicionales. Es una sensación (y un placer) que a pesar de todo no te da el ratón.

Crees que el lector vería el relato de otra forma con tus ilustraciones? ¿En qué sentido?

No lo sé, supongo que sí. Es inevitable si ofreces imágenes de un texto: no creo que nadie leyera igual La guerra de los mundos de H.G.Wells después de ver la película de B. Haskins (1953) que después de ver la casquería de Spielberg. Además, seguro que sí con Tarzán y para un público más infantil. A todos nos ha pasado. Mi ilustración es diferente del relato adulto, nada que ver con la estética de Foster, Hogart  Frazetta. Y tampoco don el “pastiche Disney” (¡Dios mío, Tarzán tiene pilila!). Es lo más parecido que he podido dibujar a cómo creo que habría imaginado esa escena con 14 años: muestra la dureza y suciedad de la selva, con su roña, sus piojos, sus garrapatas, su olor a sobaco… Supongo (espero) que un niño lo notará.

 ¿Hay algo que quieras añadir?

Sí. Quedé impresionado por la exposición de Aventura de papel, creo que este “catálogo virtual” nos puede ayudar a comprender cómo hemos visto cada uno los relatos que hemos elegido ilustrar y, más allá, cómo “nos comunicamos”, cómo nos planteamos nuestro trabajo y el proceso creativo, y poder aprender y enriquecernos. Creo que es una iniciativa estupenda.

Bocetos:

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Acerca de aventuradepapel

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